|
En una noticia de El País (22-02-2006) de Carmén Morán podíamos ver una buena sarta de datos acerca de la preferencia de los alumnos de instituto y bachillerato acerca de la matriculación o no en la asignatura de Religión (que no quiere decir que enseñen lo que es la Religión como fenómeno cultural, como podría pensarse, sino que es una enseñanza de los principios de la Iglesia. Debería llamarse mejor "Ratzinger presenta: El Catolicismo Romano y Apostólico").
Los datos son diversos y divertidos a la par. Puede decirse, en general, que el número de alumnos que se matricula en la asignatura de Religión baja año a año. En institutos públicos la coge el 70´1% del alumnado (ha caído 11´5 puntos en 10 años...) y en Bachillerato la cosa es espectacular: la cogen el 39´2% (¡hace 10 años era el 57´5%!).
Dice la Conferencia Episcopal que el hecho de que ese 70´1% no sea un 100% se debe a "la presión mediática (...) que ha podido influir en ese pequeño porcentaje de alumnos que no han optado por la enseñanza religiosa". Claro, que este desastre en la salvación de nuestras almas (la mía no, desde luego. Yo soy de la competencia, soy Lüzbel, recuerden) se compensa con la circunstancia de que en los centros religiosos (que no son públicos ni gratuitos) el 99% escoge la asignatura de marras. Esto debe ser porque sus padres no están sometidos a ninguna presión mediática de ningún tipo, ni a ninguna educación dogmática. Claro que no.
Esta declaración no hace sino dar otra prueba de que la Iglesia sigue pensando que los que no aceptan su doctrina es porque son engañados o son malvados. Que los que no aceptan el catolicismo apostólico y romano lo hacen por estar engañados o seducidos por el mal. Y el engaño y la seducción por el mal viene de los paganos o los herejes que odian a la Iglesia. De ahí que le den la espalda.
El problema es que la misma Iglesia se encarga de facilitar (cuando no colaborar) con esta tarea la huída de las nuevas generaciones de jóvenes, ansiosas de aprender nuevas prohibiciones de los mayores y acatarlas, no tener sexo antes del matrimonio y en caso de tenerlo, sólo hacerlo en caso de tener un hijo.
Ansiosos están. Siempre lo hemos estado, de hecho.
Porque está claro: cualquiera que viva un poco el mundo puede ver que simplemente la política de conducta sexual que prescribe la Iglesia no la sigue prácticamente nadie. Desde luego es difícil conocer a gente de veintitantos que sostenga que no quiere tener sexo antes del matrimonio. Quizás podamos conocer a uno/a. Quizás dos. Pero tendremos que reconocer que la inmensísima mayoría se pasa esa doctrina por las genitalidades. Ya no digamos lo de no tener relaciones sexuales si no es para tener descendencia. Está por ver que eso sea posible incluso en gente del Opus Dei (en mi pueblo, conocidos miembros del Opus eran de los más asiduos clientes del prostíbulo local...aunque a lo mejor iban porque querían tener hijos con las señoritas de allí, quién sabe qué anida en el alma caritativa de alguien que sigue la Obra).
Cuantas más declaraciones disparatadas (me gusta una que soltó un cargo de la Iglesia sobre el matrimonio de homosexuales, en una manifestación: "Esto es lo más grave que le ha pasado a la Cristiandad en la Historia") y más actos disparatados (la sistemática protección de curas pederastas con sentencia judicial en mano, a los que amparan y mandan a otra diócesis en la que se les conozca menos) cometa la Iglesia más pensamos los de izquierdas que están definitivamente locos, que ahuyentan a la gente de las misas, más piensas que la muchachada que viene les dará la espalda y piensas que en 20/30 años la Iglesia será una anécdota, como los ceniceros en las motos o los torneos de padel para gente que no es de derechas.
Pero no. De hecho creo que la Iglesia no va a perder nada de influencia. Está por ver que no tenga más.
La Iglesia ahora no se apoya en una masa mayoritaria de la población. La gente que apoya económicamente a la Iglesia es cada vez menos, como se ve al marcar la casilla en la declaración de la renta. La ausencia de vocaciones sacerdotales es escandalosa, las nuevas monjas son cada vez más raras de encontrar en España. Esto lo saben. Saben que pueden contar con muy pocos para apoyarse.
Pero en el fondo es más conveniente para influir mejor en la política. Con todas esas declaraciones y actos la gente menos convencida o menos adepta se separa de la Iglesia. El número de gente pro-Iglesia se reduce, pero los que quedan son fieles en extremo, son el auténtico núcleo duro ideológico de la teoría papal. Además, tienen el apoyo de sectores muy poderosos económicamente. No necesitan millones de limosnas, les vale con unas pocas donaciones (de órdago, eso sí). Se quedan con un número manejable de creyentes, ideológicamente compacto, con ganas de reivindicación por su papel perdido y con fuertes apoyos económicos de sectores ultraconservadores. Pueden actuar así como un pequeño ejército, sin discusiones ideológicas, en el que se organizan de modo cuasi-militar para presionar a políticos con campañas anti-aborto, homófobas, partidarias de militares golpistas... pueden juntar a miles de personas que mandan en bloque miles de correos o cartas a un político o institución, dando la sensación de ser legión los que piensa como ellos. Pueden ser muy eficaces presionando, con el objetivo de que los políticos crean que todas esas llamadas apoyando la causa de la Iglesia son síntoma de un supuesto sentir mayoritario de la población a favor de las tesis papales...o de las de sus patrocinadores. Es difícil pensar que buscan tener menos fieles (¡ninguna empresa quiere perder mercado!), pero desde luego tener menos creyentes contribuyentes a la causa no les hará perder influencia política. No tiene porqué. Otra cosa es que pierdan el favor de sus patrocinadores, cosa que se encargarán de que no pase...
|