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"Éste, pues, es Espartaco, el esclavo tracio, hijo de un esclavo que fue a su vez hijo de esclavo. No hay hombre que conozca su destino y el futuro no es un libro que se pueda leer, y aún el pasado –cuando el pasado es trabajo agotador y nada más que trabajo agotador- puede disolverse en un lóbrego lecho de incontables dolores. Éste, pues, es Espartaco, que no conoce el futuro y no tiene motivos para recordar el pasado y a quien nunca se le ha ocurrido que los que trabajan puedan llegar jamás a hacer otra cosa que trabajar, ni tampoco que nunca llegue un tiempo en que el hombre pueda trabajar sin que el látigo fustigue sus espaldas.
¿En qué piensa mientras avanza penosamente a través de la arena caliente? Bueno, habría que saber que cuando un hombre arrastra una cadena, piensa muy poco, en muy pocas cosas, y la mayor parte del tiempo lo mejor es no pensar en otra cosa que en cuándo se volverá a comer otra vez, beber nuevamente, dormir de nuevo. De modo que no hay pensamientos complicados en la mente de Espartaco o en la mente de cualquiera de los tracios, los camaradas que con él llevan las cadenas. A los hombres se los transforma en bestias y ellos no piensan en los ángeles."
Del libro "Espartaco" de Howard Fast.
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