Henry Kamen es un historiador (que significa "aquel que estudió la carrera de Historia", señor Moa). Ha escrito cosas tan interesantes como "Del Imperio a la Decadencia: los Mitos que forjaron la España Moderna", en la que nos habla de cómo (y quienes y por qué razones) se construyeron los mitos de la Nación Española, del supuesto carácter esencialmente católico del pueblo español o el mito del castellano como idioma "universal".
Me dispongo pues a, en tres partes, compartir con ustedes tres fragmentos del libro que creo muy interesantes, teniendo en cuenta todo lo que se habla de los nacionalismos en nuestro país.
Empecemos fuerte: veamos que dice Kamen del mito "la Nación Española ya existía en el siglo XV"...
"Son pocos los conceptos políticos que han despertado más pasiones que el concepto nación. Esta palabra siempre ha sido imposible de explicar, aunque a partir del siglo XV, como mínimo, diversos escritores y políticos europeos han apelado a ella repetidamente para definir aquella vaga idea que une a las personas y que les da algo de lo que estar orgullosas. ¿Qué es eso que las une? ¿O aquello de lo que están orgullosas? Nunca se dio una respuesta específica a estas preguntas, y en el presente ensayo no se hará intento alguno por llevar una definición de aquello que parece indefinible. Sin embargo, es indudable que esta palabra se ha utilizado en todas partes. En Alemania, en 1492, el escritor Conrad Celtis exhortó a su "nación", "Alemania", a que se liberara de la esclavitud, Y Sebastián Brant, en 1494, hizo referencias específicas a la "nación alemana" en su muy conocida obra La nave de los locos. Sin embargo, y como sabemos, en esa época Alemania no existía ni política ni culturalmente, y pasarían muchos siglos hasta que llegara a existir. Para Maquiavelo, en El Príncipe (1514), Fernando de Aragón era "rey de España", aunque sabemos que Fernando no fue rey de España. Maquiavelo utilizaba esta palabra en el mismo sentido en que la había utilizado para describir a "Italia": un amplio concepto geopolítico que en la realidad consistía solamente en la combinación de pequeños Estados. "España", de la misma manera, no se refería a una entidad real, sino a la relación entre los diversos reinos que conformaban la Península (quienes se llamaban a sí mismos "rey de Castilla, rey de Aragón", y así sucesivamente, pero nunca "rey de España") debido a que esta entidad no tenía existencia legal. Eso no impidió que los escritores utilizaran esta palabra, porque, al igual que en el caso de "Alemania", era claramente una manera conveniente de referirse a las experiencias compartidas por aquellos que vivían allí.
Todos los países europeos, en la época previa a la industrialización, estaban conformados por una diversidad infinita, una interminable variedad de pueblos, costumbres, idiomas, alimentos, bebidas, vestimentas, pesos y medidas, actitudes, prácticas religiosas, suelos, plantas, animales y climas. En un excelente libro que ha recibido poca atención en España, el historiador francés Fernand Braudel, quien solía hablarme de estas cosas mientras me alentaba a dar los primeros pasos de lo que se convertiría en mi tesis doctoral para la Universidad de Oxford, se propuso "explicar la diversidad de Francia, si es que tiene una explicación". Comienza su libro hablando de la increíble variedad de las particularidades económicas, la vida política sectorizada, los dialectos y la estructura familiar en un país que estaba tan dividido que sólo podía otorgársele una unidad mítica, una identidad "inventada". La misma sorprendente diversidad, más fundamental y real que cualquier idea de "nación", se encontraba por doquier: en Italia, Alemania, los Países Bajos y las Islas Británicas. Esas experiencias locales fueron la verdadera esencia de la vida social, política y religiosa, mucho más que el concepto irreal de "España". "En la Monarquía de España – escribió en 1640 Baltasar Gracián-, donde las provincias son muchas, las naciones diferentes, las lenguas varias, las inclinaciones opuestas, los climas encontrados, es menester gran capacidad para conservar, así mucha para unir". Mucho antes de que España comenzara a surgir como una realidad, las comunidades locales tenían su propia identidad, sus innegables vínculos y su orgullo incuestionable.
En la actualidad, hay una gran cantidad de escritos sobre lo que significaba el termino comunidad en ese entonces; y como ejemplo podemos mencionar la definición proporcionada por un escritor a comienzos del siglo XVII, de que "las comunidades son cuatro: la de la casa, del barrio, de la ciudad, la del reino". Fueron estas comunidades las que podían representar una especie de "nación" para los que en ellas vivían."
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